La ceremonia del adiós

4 septiembre 2011 § Deja un comentario


Morimos para que la vida tenga sentido. Si fuésemos inmortales, el transcurrir monótono no tendría forma de ilusionarnos. El temor ante la finitud es lo que nos mueve a inventar el mundo, a leer un signo en cada efímero suceso. Gracias a que morimos estamos realmente vivos. Vamos de duelo en duelo dándole sentido a nuestro absurdo. Martín Weber se interna en este territorio y no sale indemne. Mario, Saved Calls es una muestra en la que se nos invita a la más trágica y vivificadora de las escenas: la ceremonia del adiós.

Martín Weber retrata a su padre, su relación con la enfermedad de su padre, su relación con la muerte del padre y la relación de su hija con su abuelo: su ser padre. El padre en Mario, Saved Calls es un signo intercambiable que pasa del abuelo al hijo y del padre a la nieta. Es una puesta en escena cargada de dura poesía que nos enfrenta al afecto en estado de dolor y, a la vez, a la alegría del recuerdo: yo estuve con vos. Hemos realizado juntos una parte del viaje.

Mario, Saved Calls se divide en tres partes. Sobre varias paredes hay fotografías de Weber: son varios retratos de su padre, un retrato en familia y un autorretrato suyo. El retrato en familia es una foto de la serie Los deseos, que Martín viene produciendo desde hace una década y media: se lo ve a su padre, rodeado de sus seres queridos, sentado al frente, patriarca, con un bastón que denota la enfermedad, y un cartel en el que está inscripto “Deseo vivir para mi esposa, mis hijos y mis nietos”.

En un panel que enfrenta a la escalera de entrada se ve un dibujo de la hija del artista y un video tomado de unas llamadas por Skype, en el que la nieta juega y canta una canción en memoria del abuelo. Del otro lado de ese panel se proyectan varios momentos de otras llamadas por Skype en los que se ve el cadáver del padre de Weber. La cama vacía, la madre acariciando el cuerpo del hombre amado, gente de la familia que ayuda a pasar el cadáver de una cama a otra.

Esas imágenes pixeladas y los registros de los cortes momentáneos de la transmisión permiten ver tanto la distancia geográfica que separaba a Weber en el momento de la muerte de su padre (él vivía entonces en los EEUU) como también la cercanía e intensidad emocional que hoy permite la tecnología. Estar ahí, viendo lo que no se puede tocar. Las caricias que la madre de Weber tributa al cadáver del padre son las que Martín no le puede dar.

Es una obra in memoriam, pero también es una obra colectiva: la obra que hizo toda la familia. O al menos, la que hacen las tres generaciones dialogando: Abuelo, hijo, nieta. Es un continuun creado e interrumpido por la distancia y por la muerte. Por la imposibilidad de estar ahí, por el saber que todo se acaba y por el dolor de la pérdida.

Cuando la vida de un ser querido se termina nos queda el relato conjunto del que, ahora, somos los únicos custodios. Esa vacilación que deseamos pétrea, pero que el viento arrastra como una hoja en la tormenta.

Ficha:

Mario. Saved Calls

Instalación de video y fotografías de Martín Weber

En Galería Ruth Benzacar

Florida 1000

De lunes a viernes, de 11 a 20.

Hasta el 9 de septiembre.

Gratis.

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