Pensar lo impensable

18 septiembre 2011 § Deja un comentario


Se puede ver lo imposible. ¿Se puede ver lo imposible? Sí. Desde la Antigüedad es posible. A los griegos y romanos les encantaban los trompe-l’oeil, esas pinturas realistas que engañan al ojo con sus perspectivas falsas. Al comienzo (en el siglo V a.c), los trompe-l’oeil eran realistas, pero cargaban con rasgos ingenuos que delataban el engaño que pretendían construir. Con los siglos (en la época alejandrina) se llegó a una perfección hiperrealista. Luego, para diferenciarse de los estilistas de la República, los pintores de la época imperial se fueron distanciando deliberadamente del realismo y los trompe-l’eoil del final del imperio ya son absurdos, imposibles. Realmente imposibles: es como si Maurits Cornelis Escher o Giambattista Piranesi hubieran vivido durante los últimos años del Imperio. Ahora, algunas fotografías de la muestra Sin fin, de Jorge Miño, comienzan en el punto en el que abandonaron los artistas que mostraban lo imposible. Para Miño, lo real es el más allá de lo impensable.

En una década, la fotografía de Miño recorrió conceptualmente el milenio del arte antiguo: fue del hiperrealismo a la imagen imposible, y de allí a un realismo que está más allá de lo impensable. Miño no es un fotógrafo en el mismo sentido que Cartier Bresson o Robert Capa son fotógrafos. El no retrata lo real. No logra congelar un instante de lo que está allí fuera de la cámara para lanzarnos al ojo un poema formal. No: sus fotografías producen un mundo que no existe fuera de ellas. Miño retrata ideas.

Sin fin presenta una serie de grandes imágenes fotográficas en las cuales la única protagonista es la escalera. También hay un video en el que se ve el comienzo -o el final- de una escalera mecánica que durante dos segundos sube y durante dos segundos baja, incesantemente. En esta serie, Miño ha llevado sus investigaciones con el espacio a un límite: ya no se percibe el tiempo en sus imágenes. Son pura espacialidad petrificada. Mirarlas es olvidar. No hay memoria ni remembranza en estas fotos. Son puro instante: lo no-temporal.

La serie se divide en dos líneas: algunas fotos son realistas, otras registran impresiones múltiples que generan esas imágenes imposibles de ver fuera del delirio. Las escaleras van y vienen (¿están para subir o para bajar? ¿para verlas o para olvidarlas?). Como en el video, estas escaleras son reversibles y simbólicas. Pero no significan nada. No es que Miño esté cifrando mensajes secretos tras sus imágenes.

La operación es mucho más compleja: a partir de lo real -su huella está ahí, insistiendo-, estas fotos desmaterializan lo que vemos. Lo primero que vemos es que son fotos: por el grano, por la densidad hipercrítica de los grises y las tonalidades, por cada detalle. Luego -pero es el mismo proceso, sin interrupción- vemos que estas imágenes dialogan con toda la historia de la fotografía (desde Kertész a Moholy-Nagy, pasando por Coburn). En una última secuencia (pero aún seguimos en la primera mirada, de la que nunca salimos), dejamos de ver y comenzamos a sentir que algo se nos impone a partir de lo que mirábamos. Ya no hay límites. Han sido derrotados. Lo vimos. Fue como en un sueño. Sucedió ante nuestros ojos alucinados.

Una escalera es una escalera es una escalera.

Ficha

Sin fin

Fotografías de Jorge Miño

En Galería Foster Catena

Honduras 4882, 1º Piso

Martes a sábados, de 13 a 19.30.

Hasta el 16 de octubre

Gratis

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