La vida digna

12 mayo 2012 § 1 comentario


La aprobación de esta ley muestra que los conservadores tenían razón: si se aprobaba la Ley de Matrimonio Igualitario se iban a trastocar todos los valores y el mundo ya no sería el mismo. Ya se comienzan a ver las consecuencias. No contentos con reconocer que los homosexuales y las lesbianas son seres humanos con los mismos derechos que las personas heterosexuales, ahora el Congreso también reconoce que las personas trans tienen derecho a que se les reconozca la identidad autopercibida. Nada menos.

Apenas se aprobó la Ley de Identidad de Género pensé en Malva, la mujer trans más anciana que conozco: tiene 90 años y toda su vida fue perseguida por no encajar en la norma y por no someterse. Gracias a la nueva ley, ahora la sociedad respeta su deseo. Como dice La Agrado, esa travesti entrañable del film Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, mientras va contando todas las operaciones que se hizo para transformarse en mujer: “Una es más auténtica cuanto más se parece a su deseo”.

El sexo y el género son construcciones sociales. Todas las culturas tienen percepciones distintas en este tema. Para el mundo grecorromano existía un solo sexo, el masculino, que se manifestaba en dos géneros: la mujer (un masculino fallado, con los órganos introyectados, en vez de expuestos, por eso se la consideraba pasiva y debía ser sometida) y el varón (el masculino auténtico, el activo, el que debía dominar al otro). Esa idea siguió en uso en el mundo occidental hasta pocas décadas antes de la Revolución Francesa, y todavía se la puede reconocer cuando se analizan los mitos de la imaginación machista: lo activo y lo pasivo, lo fallado y lo correcto, la razón y los sentimientos.

Si pensamos lo natural como aquello en lo que no interviene la cultura, no hay nada absolutamente natural en lo humano. Parafraseando al Marqués de Sade podemos decir: “Todo lo naturalmente humano es cultural. Todo lo culturalmente humano es natural. Todo lo que haga una persona será natural porque es, y no puede dejar de serlo, cultural”. Eso quiere decir, que todo -desde las costumbres culinarias y las maneras de comportarse en la mesa, hasta la concepción y crianza de los niños, pasando por la sexualidad, la educación, la salud y la forma de morir- son construcciones sociales, que se transforman y cambian.

Creo que vamos, para horror de los conservadores, hacia cambios aún más radicales. Ahora que se les reconoce a las personas trans su derecho a ser cómo desean, la identidad se va a ir diluyendo. Como dijo Gilles Deleuze, florecerán los mil sexos y habrá posibilidades eróticas hoy ignoradas. Una vez que se ha logrado liberar al cuerpo del mandato reproductivo y del sometimiento religioso, la autoinvención personal será el siguiente desafío. Experimentaremos con nosotros mismos para aprender a estar más disponibles para el placer.

Malva: te deseo que tengas una vida maravillosa. Te la ganaste.

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