Un libro que no es un libro (Subrayados, de María Moreno)

7 noviembre 2013 § 2 comentarios


Hace años que no leía un libro completo, desde la tapa hasta la contratapa y sin saltearme ni una página. Es más, Subrayados. Leer hasta que la muerte nos separe, de María Moreno, es de los muy pocos libros (entre ellos, el Borges, de Bioy Casares) que leí así, a la vieja usanza, en lo que va de este siglo. Quizá porque Subrayados, como el Borges, no es del todo un libro, aunque lo simule.

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Borges, como María Moreno, es un autor fragmentario: sus textos son más para ser leídos en la era de Internet que en el apogeo de la Biblioteca. Sin embargo, hay una falsa imagen de él (que incluso cultiva la Moreno) que lo presenta como un hombre que vive entre libros, es decir, entre mundos cerrados. Según esa imagen se lo podría llamar El Hijo de la Biblioteca, como si hubiera sido concebido sin el pecado iletrado. Ricardo Piglia, entre otros, lo ha retratado de esta manera, confrontándolo con el alter ego de Roberto Arlt en el Juguete rabioso. En esa novela, Silvio Astier irrumpe en la biblioteca escolar para saquearla: los libros, para él, no valen más que por lo que cuestan. Por eso se alegra de encontrar en esa humilde biblioteca de escuela un ejemplar de la primera edición de Las Montañas del Oro, el libro de poemas que Leopoldo Lugones publicó en 1897, porque dice (parafraseo): “hay giles que pagan mucho más por estos fetiches”. Arlt, roba en la biblioteca de Borges: esa es la imagen canónica. Para mí esa imagen distorsiona.

Escritora de fragmentos, María Moreno -que en la vida cotidiana es una laica absoluta en el terreno digital (ni cuenta en Facebook tiene)- sin embargo, tal vez por cimarrona, es una poeta anfibia: su literatura palpita hoy. Degenera por falta de género (y, diría, hasta de nombre) y escapa a la vieja cultura del libro. No por iletrada. Justamente, por lo contrario: su erudición maleva es hemofílica; no coagula. Entre los nueve títulos de María Moreno que tengo en mi biblioteca se cita a más de 5000 autores, artistas (de todo tipo de arte) y personajes de la cultura. Digo “5000” porque me cansé de censarlos y abandoné en esa cifra que imita el infinito, pero son más.

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Recuerdo una charla con Néstor Perlongher, a comienzos de 1986, en el departamento de un amigo común en San Pablo. Néstor decía con fervor de iniciado que César Aira era el futuro Borges argentino. Yo asentí, claro que asentí. Pero agregué: “espero, sin embargo, que sea una mujer aun ignota el nuevo Borges”. Redoblando la apuesta, Néstor dijo: o una travesti. ¡Quiero retruco! Por entonces, María Moreno no había publicado su primer libro (creo que ni siquiera lo había comenzado), pero en hueco estábamos hablando de ella sin saberlo.

Así como a Borges le hacía ruido Hernández porque de alguna manera estaba midiéndose con él para ser el gran clásico argentino, a la Moreno le hace ruido Borges: como Viñas, ella tampoco puede leerlo sin menoscabo. Sin embargo, entre líneas, de manera consciente y culta, suele citarlo sin nombrarlo. Y quizá sin darse cuenta se le filtra de manera inconsciente en sus arrebatos más malevos.

Hoy, antes de escribir estas líneas, releí casi completo Subrayados. Me reí a carcajadas, me emocioné hasta las lágrimas, me sorprendí casi en cada página. Temí no poder decir nada racional o coherente sobre este libro. Hace 30 años que la conozco a María Moreno. Hubo años en los que nos veíamos todos los días, a todas horas. Leí todo lo que ha publicado. He hablado con ella casi más que con ninguna otra persona. Sigue deslumbrándome.

Subrayados es más y menos que un libro, pero no es un libro. Recoge columnas ya publicadas. No sé si las reeditó ni si agregó (como creo descubrir) alguna que otra. Es un típico libro de ensayos que reúne material disperso, pero como en la Moreno (igual que en Borges) nada típico sigue siéndolo cuando cae en sus manos, este libro es, sobre todo, un tratado sobre la lectura. El más lúcido tratado sobre la lectura que yo recuerde. Es tan radical como un manifiesto vanguardista, pero sin su balbuceo adolescente. Es tan erudito como un tratado medieval, que pretende recoger todo el saber humano, pero sin sus ínfulas totalitarias.

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En esta colección de bibliográficas hay muy pocas bibliográficas canónicas. Muy pocos de los textos están destinados a leer un texto recién publicado. Moreno escribe sobre todo. Cualquier cosa le sirve para disparar su delirio, que no cesa. A partir de una frase literaria o de un fraseo de tango se abre la puerta de un laberinto que nos conecta con el infinito.

En una de las primeras crónicas, “Pronunciarás mi nombre en vano”, reflexiona sobre el arte de citar y comienza destruyendo el aparato de las citas habituales. Cito: “También se nombra para agradecer la invitación a un Congreso o para incentivarla, bendecir discípulos, pagar mangazos sin contante ni sonante o extorsionar a los jóvenes para que se pronuncien contra el olvido, cuando no para honrar mecenas…”. Esta cita es de Subrayados, pero podría estar en Otras inquisiciones.

Creo que María Moreno debe creer que su registro es plebeyo y que su dictum es del orden de lo cotidiano, pero si tomásemos a cien personas al azar en la calle y le diéramos para que los leyera algunos de estos ensayos -que no se extienden más de dos o tres páginas-, creo que solo un pequeño porcentaje de esos lectores entendería algo de lo que ella escribe. Otra vez: como Borges, Moreno es sencilla de entender, y a la vez incomprensible. Casi todas sus frases son fácilmente decodificables, lo complejo es su literatura.

En Subrayados aparecen sus santas patronas, como Colette, que le enseñó a leer, y Monsiváis, con el que dialoga de igual a igual. Cito: “Cuando encuentro, muy temprano, las obras de Colette, me hipnotiza la escritura de una voz que luego traduciré, cuando lea crónicas, al problema del uso impreso del habla cotidiana (expresión de Carlos Monsiváis)”. En estas líneas, entre Colette y Monsiváis, María Moreno construye una genealogía, que no le sirve para situarse en un panteón, sino para mostrarnos su truco, como el mago que ya cansado de deslumbrarnos nos cuenta su secreto.

En ese breve ensayo, que da título al libro, Moreno recrea sus escenas de lectura. Su apuesta zen de leer literalmente: por ejemplo, “hospital privado de ojos” como hospital que fue privado de sus ojos. Esta forma de leer es un “leer jugando”. Cito: “A veces, como a tantos, leer jugando me ha consolado de la tragedia”.

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Subrayados es más que una teoría de la lectura: es también un manual de autoayuda. María Moreno toma letras de tango y descubre en ellas una hilarante enseñanza para la vida cotidiana. Su ensayo titulado “Y todo así” me hizo reír hasta las lágrimas. Pero cuando pude sofrenar mis carcajadas me dieron unas terribles ganas de llorar. Es uno de los textos sobre el tango más hermosos que he leído jamás: es divertido, es trágico, es irónico y es de una lucidez que duele.

Creo que este es el último libro que leeré completo. Twitter, que es el cerebro colectivo de nuestra época, me ha reformateado la mente. No solo no lo lamento, sino que lo agradezco. Ahora leo de otra forma. Como un yonqui, cuyo cuerpo se acostumbró a la droga suprema, solo soporto la dósis máxima en estado de total pureza. En la literatura eso es muy escaso, y es casi imposible encontrarlo en libros. Solo está en ese Fragmento que Supera al Todo: por ejemplo, en la poesía de Pessoa o de Whitman, en las miniaturas de Lytton Strachey y, sin duda, en Subrayados.

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§ 2 respuestas a Un libro que no es un libro (Subrayados, de María Moreno)

  • Nora dice:

    Daniel: despues de no haber podido ir ayer a la presentación de Subrayados y de escuchar a varios amigos hablarme de tu presentaciòn del libro de marìa, me fui a leer el libro de MM. Fue asì salteado, fragmentado, en zigzag, tratando de descubrir una perlita, algo que me sirviera para la clase de mañana, me vi citada ( la generosidad de María me emocionó).
    Me gustó esa anticipación en tu charla con Perlongher, apoyo, apuesto, le pongo un voto a MM como la granescritora, cronista, del momento. Vos tambièn como ella van del sexo al texto, del bretel y el saquito de Perlongher y Puig a la política, de la afirmacion a la erudición
    Un beso Nora Dominguez

  • rodo dice:

    María Moreno es lo más!!! Sospecho que ella no es afecta a los excesos demostrativos, pero desde sus columnas en Página 12 y su libro “A tontas y a locas” se me ha hecho adictiva… El fin del sexo y otras mentiras, Subrayados, ahora, El Affair… Teoría de la noche, etc. son mis libros de cabecera (sus columnas “A mano Alzada” y notas en Soy o Radar. Los dejo y vuelvo a releerlos, subrayando, anotando. Es tan coloquial por momentos lo que escribe y de golpe sus textos son intrincados, llenos de recovecos, de erudición y significado.. Por momentos sus textos parecen los monólogos de una catita enloquecida y culta…capaz de las asociaciones más inesperadas y el humor negro más desbocado (su texto sobre Nini Marshall es inigualable),todo junto a agudezas que quitan el habla…Encima ha mirado tan bien lo “diferente”, con tanto respeto pero sin condescendencias, solemnidad ni “piedades”. Como debiera ser mirado todo lo humano…Sólo de ella (y de Liza y de Marlene, y de Tita M. y de Nini Marshall y de Urdepilleta y de Olga Orozco; Manuel Puig y otras diosas semejantes soy cholulo!!!)

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