Feos, sucios y malos: un seminario de Foucault sobre los anormales

26 noviembre 2013 § 14 comentarios


En clase, Foucault pensaba en voz alta, se permitía cierta dosis moderada de humor y algunas libertades que son impensables en sus ensayos, pero hasta en el momento más relajado de los cursos que dictó en el College de France hay un rigor que apabulla. En este curso sobre los anormales, dictado a comienzos de 1975, además de la inteligencia con la que presenta la investigación que está realizando, lo que deslumbra es su capacidad para crear un problema; decididamente, Foucault era un monstruo, una excepción. El sabía convertir una obsesión suya en un problema de la cultura moderna. Este curso, aún más que sus ensayos más elaborados, es una prueba de ello.

En la primera clase, Foucault presenta una serie de pericias psiquiátricas que permitieron condenar a los acusados en varios casos por entonces muy populares en Francia. Cuando el filósofo lee las pericias, los alumnos ríen a carcajadas. Los escritos de los psiquiatras son tan visiblemente prejuiciosos, ridículos y faltos de rigor científico que Foucault se permite compararlos con el teatro del absurdo e incluso dice acertadamente que el lenguaje de las pericias psiquiátricas que leyó es propio de Ubú, el desopilante, cruel y arbitrario personaje de Alfred Jarry.

Ubu-Jarry

Esas pericias son tan ridículas que, dice Foucault, ningún psiquiatra se las ofrecería a cualquier revista médica para que ésta la publicase bajo su verdadero nombre. Son tan ridículas como letales: gracias a ellas hay gente que puede perder la libertad o, incluso, la vida. Estas pericias son una de las bases más firmes por la que miles de hombres fueron condenados en Francia a pasar muchos años en prisión o, en varios casos, fueron directamente condenados a muerte. En ese momento la risa se congela: aparece el lado más cruel del arbitrario y ridículo Ubú.

El taimado Foucault logró su efecto: tiene a cientos de estudiantes, a los jóvenes más brillantes de Francia sentados frente a él, esperando una revelación. ¿Por qué el sistema judicial necesita semejante material como las pericias psiquiátricas? ¿Cuál es la eficacia de semejantes documentos que, si no se está en el papel de perito psiquiátrico o de acusado, causan risa? Y la pregunta que siempre aparece en Foucault, ¿cómo se llegó a este punto? El filósofo tendrá once clases para desplegar su investigación.

degenerados

La pericia, a pesar del absurdo que encierra, tranquiliza. La pericia sirve para “explicar”, aunque sea a lo Ubú, por qué sucede algo que es a la vez tan excepcional y cotidiano como un crimen. La pericia está ahí para “mostrar” cómo el individuo ya se parecía a su crimen aún antes de haberlo cometido.

Después de haber investigado en los cursos anteriores los mecanismos disciplinarios (buena parte de esa investigación iba a servir de base a Vigilar y castigar), en este curso Foucault está más interesado por la forma en que esos aparatos disciplinarios “normalizan”, es decir, producen a los “normales” y a los “anormales”. Esta es la base del control social moderno.

Al internarse en el mundo de la anomalía, Foucault encuentra tres personajes que van a dar nacimiento (entre fines del siglo XIX y comienzos del XX) a un grupo del que surgirán los criminales, aunque el grupo no sea, en sí mismo, criminal: son los anormales. Los anormales surgen de la unión de tres figuras que tienen una historia más larga, puesto que algunas de ellas ya habían sido elaboradas en el siglo XVI o en el XVIII: esas figuras son el monstruo, el incorregible y el onanista.

onanismo

El monstruo es el que viola las leyes naturales (y, por ende, las de la sociedad). Si bien la amenaza que el monstruo significa para el orden natural y social es máxima -ya que el monstruo rompe de manera radical hasta las leyes naturales-, por otro lado es, por su misma esencia, algo excepcional que sólo aparece muy de vez en cuando. El médico junto al teólogo son los encargados de tratar con el monstruo y definir qué hacer con él. El incorregible es una paradoja social en sí mismo: es ese ser al que ni la familia ni las instituciones han logrado normalizar o “corregir”, pero se supone que hay una instancia de corrección (puede ser la prisión, o alguna forma punitiva más dura que las instituciones normalizantes habituales, como la escuela o la parroquia) que logrará que el incorregible se corrija.

El onanista o masturbador es universal, pero es una universalidad secreta: nadie debe decir que se masturba. Es un secreto que todos saben, y que hasta el siglo XVII no constituía ningún problema. Recién en el siglo XVIII, cuando la educación del niño se convierta en un problema central -y antes que nada se pretenda educar su sexualidad- la masturbación va a ser vista como una anomalía. Y esa anomalía, a diferencia de la monstruosidad (que es excepcional), será generalizada. El onanista es castigado porque practica una sexualidad que no da otro rédito que el placer. El castigo no hará desaparecer la práctica, sino que instaurará la culpa en el cuerpo masivo de la masturbación. El control del masturbador está en el espacio social más pequeño, el de la familia, aunque “asistida” por el saber médico.

Durante casi tres siglos estas figuras se van transformando. Por ejemplo, el monstruo físico -que atenta contra las leyes naturales porque mezcla lo animal con lo humano (esa obsesión de fines de la Edad Media que encuentra por aquí y por allá animales con rasgos humanos o seres humanos con rasgos animales) o mezcla lo femenino con lo masculino (produciendo hermafroditas) o reúne lo que debía permanecer separado (los siameses)- se transforma en monstruo moral. El monstruo moral ya no se distingue físicamente del hombre común (o no se lo distingue tan claramente: para reconocerlo deben intervenir los médicos expertos), pero hay en su interior, en su alma o su mente, una monstruosidad no menos terrible que amenaza el orden. El monstruo físico se transforma así en el monstruo moral y la desviación de la ley natural se resume en la desviación de las normas sexuales. En el siglo XIX estas tres figuras -monstruos físicos, hombres incorregibles y masturbadores- van a ir configurando un excluido nuevo, el padre del anormal moderno: es el degenerado.

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Del degenerado al anormal hay apenas un paso, o casi ni siquiera un paso: en el imaginario popular y en la prensa amarilla todavía conviven el degenerado, el anormal, el monstruo (físico y moral), el perverso sexual -una forma de ver al onanista, el que ama el placer sexual en sí- y el incorregible. Todas estas anomalías, sin ser criminales por sí mismas, pueden engendrar a un criminal. La ridícula pericia psiquiátrica, el informe de Ubú, tiene un objetivo, ahora comprensible: no hace más que mostrar que el acusado de un delito, si tiene alguna anomalía (social, sexual, moral), es un criminal en potencia. Es un descendiente del monstruo, del degenerado, del pervertido. Es un anormal: ese ser que es pura potencia criminal.

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§ 14 respuestas a Feos, sucios y malos: un seminario de Foucault sobre los anormales

  • Claudia dice:

    gracias, muy bueno.

  • Carlos GC dice:

    Excelente perspectiva y acertada producción,
    ésta del estimado Foucault

  • donbuenaonda dice:

    Pues habría que ver los documentos originales, parece que todo es sobre la gracia que le daban a Foucault… anecdótico

  • VICTOR dice:

    ¡ Foulcault ,rompe con las extructuras marchitas ,ve donde nadie logra cuestionar nada ¡, por eso sera su burla…..

  • Habrá que leer sus conferencias de los 70 tituladas “PODER PSIQUIÁTRICO” en las que analiza estos temas minuciosamente.

  • Leon dice:

    los anormales de foucault en su clasificacion en un entender que el hombre es casi siempre responsable de su actitud pero el sistema penitenciario , las pericias medico – legistas decidieron tratar de llevar al hombre al cercano padeciemiento del dolor que produce estar en la sociedad , el poder que ejerce el grupo y el lenguaje es determinante en la conducta que el hombre puede llegar a desarrollar en una sociedad .. ñlo cual su comportamiento queda reducido al mundo social.

  • Gloria Lopez dice:

    Seguramente el análisis de Foucault es más profundo y concluyente.

  • oscar oviedo dice:

    Me parece muy, muy interesante lo que compartes a través de tu texto. Quisiera conocer más del tema, soy apasionado de la ridiculez de la psiquiatría, y conozco poco a Foucault, aunque parezca contradictorio. He leído otros autores relacionados. Desde ahora voy a seguir tu wordpress. Felicidades. Mi blog wordpress es: oscarpsicoterapeuta.wordpress.com/

  • Anónimo dice:

    nunca se define su homosexualidad o no y en que sinsustancias llego a su muerte

    • “nunca se define su homosexualidad o no” No entiendo que quieres decir. Tu frase no tiene sentido. Pero si te refieres a que si Foucault asumía su homosexualidad, si, si la asumía. Y la segunda parte de tu “comentario”: Murió de neumonía, ya que su sistema inmune no respondía debido al sida que padecía. Aunque se supo que tenia sida años después de su muerte, cuando el virus del sida fue descubierto.

  • Arnaldo Berríos Matus dice:

    hay una esperanza detras de todo esto ,es una luz de los sistemas disciplinarios ,eso si una critica demoledora que sirve ,como los estudios de foucault para perfeccionar aquellos sistemas que pasaron de ser torturas mediavales a un sistema de correccion ,y asi se avanza.

  • Anónimo dice:

    Excelente información!!!

  • Buen aporte, pues pocos conocen la profundidad del análisis de Foucault.

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